lunes, 17 de junio de 2013

Un mejor futuro

Es evidente que todos queremos un futuro mejor. Hasta hace pocos años era relativamente fácil imaginarnos cómo podría ser ese futuro personal deseado. Actualmente, por la aceleración de los cambios y la dificultad de prever cómo será nuestro modo de vivir, dadas las novedades inimaginables que nos traen los descubrimientos científicos, las aplicaciones inesperadas y espectaculares de las tecnologías y las nuevas demandas del trabajo y el desarrollo, es muy difícil imaginar cómo vamos a disfrutar la vida, contando con los medios necesarios para que nuestra vida responda a nuestros deseos.

Por eso la gama de actitudes ante el futuro se ha ensanchado con muchas alternativas, incluyendo las alternativas pesimistas o al menos el estado de preocupación. Algunos esperan el futuro sin pensar en él; otros sienten cierto miedo por lo imprevisible y por los esfuerzos que nos va a exigir; otros prefieren mirar al presente sin asomarse a los horizontes ni complicarse la vida, cuando el presente ya está bastante complicado.

La verdad es que el futuro se precipita y que nosotros lo estamos engendrando. En cualquier caso queremos un futuro mejor que el presente. Pero tal como estamos actuando, eso no será posible, porque nosotros mismos estamos arriesgando gravemente nuestro propio futuro. Nuestro comportamiento con la naturaleza, con el medio ambiente, está destruyendo las condiciones de vida. Vivir, sobrevivir, si seguimos viviendo como estamos haciendo, será extraordinariamente costoso. Desde luego los pobres tendrán muchas menos probabilidades de supervivencia.

Es tanta nuestra ceguera o ignorancia que no damos importancia a lo que todos, unos más que otros, estamos haciendo para la devastación del medio ambiente, absolutamente necesario y vital para subsistir. No estoy exagerando. Estoy solamente recogiendo una vez más datos y reflexiones de expertos que nos vienen alertando ante nuestra irresponsabilidad personal y colectiva en las conductas habituales con respecto al modo de relacionarnos con el entorno natural y los recursos vitales que la naturaleza nos entrega.

Parece que hemos olvidado el sabio consejo que nos dejó el autor del Génesis (2, 15) al transmitirnos como palabra y voluntad de Dios el encargo que dio a la humanidad de “guardar y cultivar el jardín (la tierra)”. Nosotros, en vez de guardar la tierra, la cultivamos expoliándola, deforestándola, contaminándola, desertizándola, esterilizándola. ¿Hasta cuándo?
En diciembre de 2009 se reunió en Copenhague la Cumbre Mundial sobre los problemas del medio ambiente. La Cumbre fracasó, por diversas causas, entre otras por el costo que ya tiene empezar a rectificar y a recuperar el medio ambiente, que estaría entre quinientos y ochocientos mil millones de dólares. El hecho es que los políticos no escucharon a los expertos, minimizaron los argumentos de los científicos e incluso los hubo quienes crearon campañas de desinformación y confusión para la opinión pública, para dejar las cosas como están.

Las cosas cómo están mal y la tendencia es que aceleradamente van a peor. Hubo tiempo en que los problemas de relacionamiento con la naturaleza se planteaban a niveles locales: por ejemplo, contaminación de las aguas con basura, contaminación del aire con los gases de fábricas, tubos de escape de automóviles, buses y camiones, contaminación por aviones, deforestación, etc.

El problema hay que verlo como es, es decir, sistémicamente y todo lo local no es solo local, es de impacto planetario y el problema ya no es solo el daño que hacemos cada uno con nuestro comportamiento , el problema es que estamos todos generando el cambio climático y la ruptura de la capa de ozono, es decir, el problema es del planeta tierra y sus condiciones para posibilitar la calidad de vida y la persistencia de la misma vida.

Nuestros políticos se dedican casi exclusivamente a luchar por el poder e invierten miles y miles de millones de guaraníes en sus partidos, en sus campañas eleccionarias internas y nacionales, en operadores políticos, en el Tribunal Superior de Justicia Electoral, etc… y entretanto los grandes problemas que interesan al bien común, quedan sin ser tratados y resolverse.

Una vez más, los educadores golpeamos la puerta de los políticos para que nos escuchen y se interesen definitivamente por un proyecto de país para el futuro, que incluya los verdaderos temas vitales.

Por J. Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/el-futuro-que-queremos-585087.html

1 comentarios:

guadalupe wasmosy dijo...

Lo que me pregunto a mi misma si habrá este mejor futuro

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