No pasa un día, lamentablemente, sin que surja una noticia negativa en el ámbito de la educación en nuestro país. Tan solo en esta semana se produjo el desmoronamiento de un aula en una escuela del barrio Mburucuyá como consecuencia de una tormenta más bien leve. Si hubiera ocurrido en un día de clases –el techo se desplomó el domingo– se pudo haber lamentado una tragedia.
Es sabido que el deterioro y las carencias son una característica de la mayor parte de los establecimientos de educación pública. Donde las paredes, techos, puertas y ventanas no tienen problemas, faltan las sillas, los muebles y los elementos didácticos. Cuando estas herramientas llegan a la escuela en cuestión, comienzan a aflorar las rajaduras en el edificio, las goteras, los vidrios y cañerías rotas. Es un círculo vicioso que es necesario romper para que la educación pública –en la primaria y la secundaria– cumpla al menos sus objetivos más básicos. La situación de la escuela mencionada hizo público un hecho muy preocupante.
El Ministerio de Educación y Cultura (MEC) fiscaliza apenas el 27% de las 12.500 instituciones públicas que existen en el país, según reconocieron los funcionarios de esa cartera de Estado. Muchas de las construcciones que se hacen en las escuelas y colegios no tienen el visto bueno del Departamento de Infraestructura del MEC y no se ajustan a las normas y recomendaciones de dimensiones y espacio. Ante la ausencia del Estado, las cooperadoras escolares y comisiones vecinales suelen, con la mejor de las intenciones, solventar sus propias edificaciones en las escuelas, las cuales no siempre cumplen con los requisitos necesarios. Este parece haber sido el caso de la escuela del barrio Mburucuyá.
Afortunadamente, en las últimas semanas la educación se ha convertido en el centro de un intenso debate entre distintos sectores y actores de la sociedad paraguaya. Hacía mucho tiempo que un asunto tan trascendental para el futuro del país no tenía este destaque, no generaba esta atención.
El proyecto de destinar a la educación pública un volumen sustantivo –histórico, por su magnitud– de los recursos obtenidos a cambio de la energía cedida al Brasil en Itaipú colocó el tema en la agenda legislativa y en la discusión ciudadana. El plan es que estos fondos no sean empleados, una vez más, en gastos rígidos o para sostener la pesada burocracia pública, sino que sea orientado de forma rigurosamente transparente a proyectos de fondo, que generen cambios verdaderos y profundos en la calidad de la educación. Es preciso puntualizar, sin embargo, que esto no debiera significar que los nuevos recursos solo sean utilizados en los niveles superiores de educación.
Es crucial asegurar que los fondos lleguen también a los sectores más vulnerables de la sociedad, resolviendo de una vez los problemas crónicos de las instituciones públicas: los locales dañados y la falta de insumos. Naturalmente, hay que apuntar a un aumento radical de la calidad de la enseñanza y a integrar las nuevas tecnologías y los avances científicos a la educación paraguaya.
Pero, al mismo tiempo, es fundamental superar limitaciones tan mínimas como la falta de aulas dignas, libros y útiles.
Esta noticia fue publicada en el diario abc... ¿estás de acuerdo? ¿qué podemos hacer nosotros?
La solución a nuestros problemas...
Hace 12 años

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