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lunes, 14 de octubre de 2013 0 comentarios

Ética y el futuro del país

Un pueblo sin ética está gravemente enfermo. El tejido moral de la nación está roto. Y en sus células se ha infiltrado un cáncer social, la corrupción, que ya ha producido tumores, algunos reconocibles a simple vista e instalados en órganos vitales de la nación, en los tres poderes del Estado, en el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. La corrupción es tan terrible como el cáncer, porque sus células malignas se multiplican aceleradamente y contaminan lo que tocan. A su paso van produciendo la destrucción y preanuncian la muerte.

Si no se extirpan rápidamente los tumores de la corrupción, a los hijos y los nietos les llegará un país desintegrado y moribundo. El extraordinario esfuerzo de fuerzas vivas y sanas de la nación que trabajan honestamente por mejorar la economía, la salud, la educación, la seguridad, la convivencia en paz, la imagen del país, será esterilizado por los corruptos amparados en los poderes del Estado y por los otros corruptos, los narcotraficantes, los guerrilleros delincuentes, los proxenetas y comerciantes del sexo de mujeres, de jóvenes, adolescentes y niños, por los contrabandistas, los ladrones y asaltantes criminales, que seguirán impunemente haciendo cada día más difícil nuestra vida y nuestra paz.

La enfermedad es evidente y el panorama está claro. Ante ellos hay una sola opción: cirugía y una terapia masiva y urgente.

Por muchas causas, entre las cuales hay que sumar la deficiente educación, se ha producido un hecho: la ética no está suficientemente incluida en la entraña de nuestra cultura y de nuestras conciencias.

Poca gente sabe lo que es la ética. Muchos piensan que seguramente es un conjunto de normas, que impiden ciertos comportamientos humanos, que se consideran malos, porque hacen daño.

Los que piensan así tienen una visión desorientada y empobrecedora de lo que es ética. A los filósofos siempre les ha interesado reflexionar sobre el comportamiento humano. Así han creado esta rama de la filosofía que es la ética. En el fondo, como dice Adela Cortina, la ética se ocupa del bien de los seres humanos y tiene como objetivo responder a dos preguntas: ¿qué podemos hacer para ser felices? Y ¿qué debemos hacer para que cada ser humano se encuentre en situación de lograr su felicidad? (12ª ed. 2007, 38s).

La primera pregunta les ha interesado sobre todo a los orientales. La segunda ha sido muy repensada y elaborada en occidente. Desde la filosofía griega con Aristóteles, pasando por la filosofía medieval con figuras extraordinarias como Santo Tomás de Aquino, hasta llegar a la filosofía moderna con Kant, el deber ha sido considerado constituyente esencial del comportamiento humano para alcanzar la felicidad. Kant ha sido muy sutil al hacernos ver que la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.

Es evidente que la vivencia de la felicidad es relativa al modo de ser, de pensar y soñar de cada persona. No hay un solo molde de felicidad, como no hay un solo molde de la psicología de las personas, cada cual tiene la suya y desde ahí elige lo que cree que le hace feliz, que no siempre coincide con el deber. Por eso entre el derecho a la felicidad y la exigencia del deber la filosofía contemporánea pone la necesidad de la reflexión y el diálogo.

Si yo pienso que me hace feliz robar el dinero del pueblo abusando del poder en la administración pública o violando a una mujer o un niño, está claro que la reflexión y el diálogo sobre mis deberes y los derechos ajenos me harán ver que eso no es felicidad, en todo caso podría ser placer morboso de una persona inmoral, psicológica, social y humanamente corrompida.

Cuando en una sociedad abundan las personas que se nutren de placeres morbosos a costa de los bienes y los derechos de otros, esa sociedad está descomponiéndose con focos de podredumbre.

Si la sociedad no elimina lo podrido, toda ella quedará contaminada y podrida, sobre todo si la podredumbre ha entrado en los órganos vitales de la sociedad. La permisividad, la pasividad ante la corrupción es colaboración por omisión y autodestrucción.

Si siguen así las cosas, Paraguay no tiene futuro.

Por Jesús Montero Tirado
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Principios repulicanos

El sábado se recordaron los 200 años de la proclamación de la República del Paraguay. Fue éste el paso definitivo que consagró sin la menor sombra de dudas la independencia de nuestra nación de cualquier poder extranjero. Si bien la soberanía paraguaya estuvo amenazada en los años siguientes en un contexto de inestabilidad en la región, el 12 de octubre de 1813 quedó muy claro, de hecho y de derecho, para los propios paraguayos, que la independencia era la voluntad de todos y que era irreversible e irrenunciable. Nuestra nación asumía para su gobierno la forma republicana, inspirada en las instituciones romanas, entre ellas el consulado, compartido por el doctor Rodríguez de Francia -soporte intelectual de la Revolución de Mayo- y por Fulgencio Yegros, indiscutido líder militar del Paraguay independiente.

La fecha pues tiene doble importancia. Por un lado es la ratificación irrevocable de nuestra soberanía y, por el otro, se constituye en la primera República de Sudamérica, en tiempos en que no eran pocos los que planteaban organizaciones estatales distintas, como monarquías o imperios criollos. Los 1.000 diputados que tomaron parte del Congreso de 1813 -elegidos por “pluralidad de votos”, según crónicas de la época- instituyeron además un reglamento de gobierno -cuyo texto original fue exhibido en estos días por la Secretaría de Cultura- al que los cónsules y funcionarios del gobierno debían ajustar su conducta y por el cual se distribuían las diferentes atribuciones, incluida la creación de un tribunal de alzada para dirimir las cuestiones judiciales. Se cuenta que el fervor patriótico era tal que los diputados echaron del recinto al único de ellos que abogó tímidamente por la unión con Buenos Aires.

Al acto central de conmemoración de tan trascendental fecha para nuestra historia, con la presencia del presidente de la República y el titular de la Corte Suprema de Justicia, solo acudieron cinco legisladores. Este “vacío” de los diputados y senadores no resulta extraño a la luz de las últimas actitudes asumidas por los legisladores.

En este sentido, es todo un síntoma de la escasa vigencia de los principios republicanos en el Congreso las declaraciones del presidente de la Cámara Baja, Juan Bartolomé Ramírez, quien llamó a los diputados “80 príncipes”, cada uno de los cuales necesita un mínimo de “10 empleados de confianza” solventados naturalmente por cuenta del Estado. La negativa de senadores y diputados de transparentar la nómina de empleados del Poder Legislativo -donde aparecen hijos, hermanos, esposas, novias, recomendados y toda clase de allegados a los mismos parlamentarios- es el comportamiento de una casta que se siente por encima de la ley y de los demás ciudadanos, con privilegios y prerrogativas que están muy lejos de cualquier valor republicano.

La defensa de los miles de operadores partidarios en la Justicia Electoral y otras instituciones, el festín con recursos públicos en las pensiones graciables y la frecuente autoasignación de beneficios y remuneraciones son otras tantas muestras de una visión de la política que concibe al patrimonio del Estado como propiedad de los políticos y las autoridades. Esta visión parece más asociada precisamente a príncipes y reyes antes que a auténticos republicanos y demócratas.

Paraguay necesita encender de nuevo aquel entusiasmo patriótico de 1813, cuando con una enérgica determinación se resolvió romper las cadenas impuestas por todo tipo de amos, se encuentren éstos dentro o fuera de nuestras fronteras.
sábado, 12 de octubre de 2013 0 comentarios

¡República o muerte!

A la una de la tarde del 12 de octubre de 1813, el Paraguay comenzó a ser República. Una definición institucional que los vecinos adoptarían mucho más tarde: la Argentina en 1860, después de varias denominaciones, las que se iniciaron con la de “Provincias Unidas” en 1810, hasta la Confederación, vigente antes del Decreto del presidente Santiago Derqui, el 8 de octubre de aquel año. Brasil abandonó la monarquía el 15 de noviembre de 1889, cuando el Mariscal Manuel Deodoro da Fonseca sublevó a las tropas acuarteladas bajo su mando, declarando la República. Un detalle sarcástico de esta gesta se debió a que el movimiento republicano se incubó durante la guerra contra el Paraguay de la que Pedro II, el emperador depuesto, fue numen y gestor principalísimo.
En el Uruguay, la “República Oriental” sustituyó al “Estado Oriental” el 1º de marzo de 1919.

Pero el año 1813 no fue sólo histórico por lo que sucedía en Paraguay donde 1.000 ciudadanos de todos los rincones del país, se reunían en el Convento de la Merced para analizar y decidir las formas de gobernarse, sino porque se trataba de una situación que contrastaba dramáticamente con el generalizado desconcierto que había producido la caída de la monarquía española bajo las botas de Napoleón, en 1808. Pues en el resto de las antiguas provincias americanas, cundía la incertidumbre y se sucedían unas tras otras, las declaraciones de autonomía o independencia aunque casi todas ellas jurando lealtad y obediencia al “amado Rey Fernando”. La antigua y desfalleciente monarquía no se “tragó” sin embargo esta rebelión bajo tan devoto ropaje y en 1814 iniciaría la sangrienta reacción, comenzando con el desmantelamiento de las noveles “patrias” americanas. Las “guerras a muerte”, repetidas e inacabables a partir de entonces y hasta 1824, produjeron una devastadora marea de violencia, lejos de los sueños de libertad y felicidad que habían animado a los patriotas. En 10 años de lucha se cuantificaron 260.000 muertos en Venezuela y 610.000 en México; mientras que en la cuenca del Plata, las facciones en pugna tras el poder, los remedos de gobierno, la preeminencia de caudillos frente a las instituciones, además de los degüellos y matanzas, hacía materialmente imposible un cálculo de las pérdidas.

¿En qué consistía el valor de aquel “anticipo” institucional que Paraguay daba a su pares de América? Básicamente, en un intento de alinearse al concepto de RES PVBLICA (la cosa pública) y desarrollar un estado bajo el imperio de la ley; algo que hoy llamaríamos “Estado de Derecho”. Se planteaba “…la realización de las aspiraciones generales, arrostrar los múltiples problemas que promueve la convivencia social” junto al intento de buscar la felicidad de los pueblos a través de una vida digna. Y lo hacían personas de escasa ilustración y experiencia que, salvo dos o tres referentes, no habían accedido a la luz del conocimiento pero que, tras siglos de aislamiento, injusticias y padecimientos de toda clase, estaban inoculados con un orgullo nacional del que carecían los demás americanos. Además de un fuerte sentimiento de arraigo, sentido de pertenencia y responsabilidad colectiva, virtudes que habrían motorizado lo que la ilustración no pudo brindarles. La modesta cantidad de 68 muertos en la época más violenta de la “represión francista”, cuando es descubierto un complot contra la vida del Dictador, es “cartón y pan pintado”, frente a la desoladora estadística anterior.

PARAGUAY, la única provincia de ultramar sin costas de mar a partir de 1617.

El único país que, ya República, conservara el nombre del solar preexistente a la llegada de los europeos.

La única colonia en la que sus habitantes se llamaron “paraguayos” cuando las demás colonias ni siquiera existían; y que ya manifestaban un “amor de patria a la tierra que los vio nacer”.
El único pueblo que en un 85% de su población, conserva y se comunica en la lengua de su población original.

La única Nación que integró a sus castas en una sociedad igualitaria en la que desaparecieron las características raciales, que en otros países de América sirvieron para descalificar y discriminar a los seres humanos, …no pudo haber dado al mundo las muestras de heroísmo y pasión en la defensa del terruño sólo por casualidad o por el ocasional valor de sus conductores.
Todo este bagaje de valores y virtudes debería hacer que los paraguayos del siglo XXI merezcamos mejores gobernantes de los que tuvimos y representantes más aptos de los que tenemos. En aquel 12 de octubre de 1813, el sentido del honor y el patriotismo suplió lo que faltaba de experiencia de Estado o conocimientos académicos. Hoy …lo que tengamos, es inútil si no existen honor y patriotismo.

Por Jorge Rubiani

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/republica-o-muerte-627659.htm
sábado, 28 de septiembre de 2013 0 comentarios

Paraguay, potencial productor de alimentos saludables

Paraguay ha dado el paso inicial para integrarse a un inédito proyecto de salud comunitaria. Se trata de un programa puesto en marcha por la Universidad Nacional del Este a través del área de extensión de la Facultad de Ciencias de la Salud, -Facisa- que entre varios objetivos apunta a la producción de una nueva generación de alimentos denominados “funcionales” o “saludables”.

La elaboración de este tipo de alimentos constituye un segmento con interesantes perspectivas de crecimiento por integrar un mercado prácticamente inexplorado en el país, tanto para consumo interno como para exportación. Los productores que lideren este nicho virgen todavía serán quienes mejor se posicionen para el futuro.

Por sus características socio-económicas Paraguay cuenta con ventajas comparativas importantes para implementar este tipo de emprendimientos, cuya producción incrementa aceleradamente la cadena de valor agregado. Además, estos alimentos son la alternativa más rápida y eficaz para revertir tanto patologías como carencias nutricionales de la población.

Hoy gracias a las investigaciones básicas y aplicadas los productores están en condiciones de desarrollar un variado arsenal de nuevos alimentos. No sólo se elaboran sin grasas de origen animal, sino que tampoco se emplean para su fabricación grasas hidrogenadas, conocidas como grasas trans – presentes en muchísimos comestibles- que aunque de naturaleza vegetal, son altamente perjudiciales para la salud.

En la actualidad existen industrias, en especial de los sectores panaderil que ya comenzaron a producir alimentos en los que se modificó la composición perjudicial de las grasas.
Ya se comercializa la primera chipa saludable que se produce en el Paraguay, en la que se logró reemplazar sus grasas nocivas, por otras beneficiosas, sin alterar su sabor, ni consistencia.

Los nuevos adelantos tecnológicos permiten sustituir en infinidad de comestibles como pastas frescas, tapas para empanadas y tartas, panes, galletas, helados, galletitas e incluso huevos, pollos, peces y dulce de leche las grasas nocivas para la salud por otros lípidos que, además de ser saludables tienen además, la capacidad de descender los niveles de colesterol plasmático.

Las principales entidades globales ubicaban a Paraguay como el país de mayor crecimiento económico de la región, con un PIB que se incrementaría en más de un dígito y tanto la agricultura como la agro-industria tendrán un alto impacto en la economía. Precisamente estos dos sectores son los grandes proveedores de la materia prima para la elaboración de alimentos saludable.

Nuevo segmento del mercado
El grado de concienciación del consumidor sobre la importancia de estos alimentos en el contexto de la salud es cada día mayor. Sin duda, la primera gran ventaja que tienen es su concepto potenciado de beneficio adicional.

En ese sentido, el área de Extensión Universitaria de Facisa, informó que todas aquellas empresas y/o pymes que quieran elaborar alimentos susceptibles de sustituir las grasas trans y las de origen animal por estos nuevos productos de última generación , podrán contar con el desarrollo, la asistencia técnica y el aval de esa unidad académica.

Según se señaló Facisa dará asistencia técnica completa, el aval, así como el otorgamiento del logo que acredita que el producto elaborado se encuentra dentro de los parámetros establecidos para alimentos funcionales o saludables. Además realizará en forma aleatoria un análisis mensual de muestras colectadas para constatar la calidad del producto.
 
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