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viernes, 18 de octubre de 2013 0 comentarios

El porqué del silencio...

En la cultura paraguaya mestiza, estar en el poder y desaprovecharlo es ser výro. Un soberano výro, tonto de marca mayor. El provecho, ante todo, es personal. Luego familiar. Finalmente, comunitario: para la parentela, los amigos, los vecinos y los korreli.

Por algo el refranero popular recoge esta expresión: “Okaru ha oporomongaru haguä político ojepoi korápe”. Para comer —hasta vomitar por supuesto— y dar de comer es que se tiran a la cancha.

En la concepción de muchos, política y honestidad no pueden ir de la mano. Tampoco política y ética. El político tiene que hacer valer su peso, su influencia para colocar a sus elegidos en la administración pública.

El imaginario colectivo considera que si alguien es ministro, parlamentario, presidente de un ente descentralizado, comisario, jefe, capitán, o presidente de la República —con más razón— tiene que usar su influencia para repartir el botín del Estado. Si no lo hacen, ¿para qué sirven?

Los políticos no quieren ser ni parecer výros. Al contrario, la mayoría quieren hacerse pasar por listos, inteligentes y capaces. Por lo tanto, se alinean a lo que algunos sectores sociales esperan de su gestión.

Los que logran más nombramientos, recomiendan con mayor eficacia y consiguen en un 90 por ciento lo que se les pide, son los que funcionan. Umía oiko. El resto, ndoikói y mejor vuelven a la llanura.

Las ollas de la administración pública que, a cuentagotas y solo como producto de la presión, se van destapando ratifican que muchos de los poderosos siguen utilizando sus puestos de privilegio para conseguir nombramientos.

A los que han ido agigantando la obligación salarial del Estado día a día, mes a mes y año tras año, no les importa que el 80 por ciento de lo que el Ministerio de Hacienda recauda vaya a parar a salarios, mientras 1 de cada 4 paraguayos pase hambre tal como este diario publicaba ayer al hacerse eco del Día Mundial de la Alimentación.

Estos que abarrotan de gente —ociosa muchas de ellas— las instituciones públicas, son, en parte, los culpables de la pobreza del Paraguay.

Si en vez de 270.000 funcionarios públicos solo hubiese 170.000, lo que hubiera correspondido pagar a 100.000 jatevu juru akua, se emplearía para dar más dinero a Educación, Salud, Obras Públicas, Seguridad y otros sectores postergados, porque hay que priorizar el sueldo de los parientes, amigos y demás hierbas malsanas.

El Congreso montó en colera cuando Última Hora les pidió un simple listado del personal de cada cámara. Al ver los nombres de los funcionarios y los montos impiadosos que pagamos a muchos funcionarios públicos, se explica por qué tanta resistencia para confirmar las sospechas: despilfarran nuestro dinero para financiar sus intereses.

http://www.ultimahora.com/ahora-se-entiende-que-tanto-silencio-n732517.html
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Una duda razonable

El juez le advierte a los miembros del jurado que han asistido a un caso largo y complejo y que, por ser un crimen en primer grado, la pena es de muerte: la silla eléctrica. “Un hombre ha muerto. Está en juego la vida de otro hombre. Si albergan una duda razonable sobre la culpabilidad del acusado, una duda razonable, deberán emitir un veredicto de inocente. Si no existe duda razonable, deberán, con la conciencia tranquila, declarar culpable al acusado”. Con esta escena comienza “Doce hombres en pugna” (Sidney Lumet, 1957), una obra maestra.

Once miembros del jurado están convencidos de que el chico mató a su padre de una puñalada. Uno solo tiene una duda, “una duda razonable”, de la que irá estirando como la cuerda que marcaba el camino para no perderse en el Laberinto de Dédalo. Reconoce que no sabe si el acusado es inocente o culpable, pero tiene una duda y considera que ella es razonable.

Pocos días atrás, un profesor cuestionaba aspectos del sistema educativo español diciendo que se ceñía a trasmitir información a los alumnos, temas cuyas respuestas son ya conocidas y que esto no es, en realidad, conocimiento. Proponía que se buscara transmitir a los jóvenes dudas antes que certezas, preguntas antes que respuestas, curiosidad antes que seguridad, porque de este modo se despertaría en el alumno la necesidad de investigar, no solo sobre lo que
es “el bosón de Higgs”, sino también qué significaba Dulcinea dentro de los delirios de Don Quijote; o bien, de dónde proviene su nombre: quijote, un sustantivo que está en el diccionario y que creo nunca nadie ha ido a buscarlo. ¿Por qué? Pues porque se espera que venga alguien a decírnoslo. ¿No es este acaso el espíritu que nos han transmitido nuestros profesores?

En otras palabras: es necesario que se siembre en el alumno “una duda razonable”, con mayor urgencia que entre los miembros del jurado, pues ellos tienen que decidir sobre la vida de una sola persona. La educación tiene que decidir sobre la vida de generaciones y generaciones.

Hace no mucho, en Paraguay se llevaba adelante “Una computadora por estudiante”. Desde aquellos días en que fueron distribuidas entre los niños con profusión de ruido mediático en torno a los políticos, no volví a escuchar nada al respecto. Me pareció entonces una idea estupenda poner en mano de los niños una herramienta tan contemporánea como es una computadora. Pero es justamente eso y nada más: una herramienta. Desde que apareció en nuestras vidas la computadora, siempre creí que detrás de esa explosión de interés se escondía un gran engaño: la gente se arrojó sobre ellas pensando que todas sus carencias intelectuales quedarían satisfechas; el conocimiento estaba en la punta de un botón: el mundo de la ciencia, la filosofía, el arte, la cultura, la literatura, el deporte, estaba en nuestras manos.

Luego vino la desilusión. La computadora no genera conocimiento. A lo sumo, brinda información; y no se la brinda a cualquiera, sino solo a quiénes saben dónde y cómo buscarla. En España a la computadora le llaman ordenador. Personalmente, creo que es un término más ajustado, ya que define con mayor precisión a esta herramienta: es un ordenador de información, de datos, de cifras. Es una herramienta capaz de realizar tareas que nos llevarían quizá meses hacerlas a mano, en pocos minutos, incluso no estando nosotros en casa. Es una maravilla. Pero no genera conocimientos. Este fenómeno solo se realiza, de manera exclusiva, en esa computadora que es mucho más que un ordenador y que se llama cerebro. Pero para ello debemos sembrar “una duda razonable”, como la que le llevó a Hipatia a tirar una bolsa cargada de arena desde lo alto del mástil de un barco y comprobar que sí, que la Tierra se movía; como la que le llevó a Darwin a estudiar el pico de las aves de las Galápagos y concluir la evolución de las especies vivas; como la que le llevó a Colón a navegar al oeste y comprobar que sí había otros continentes. Mientras tengamos convertida a la educación en un programa televisivo de preguntas y respuestas, jamás nos apartaremos del Puerto de Palos.

Por Jesús Ruiz Nestosa


lunes, 14 de octubre de 2013 1 comentarios

Principios repulicanos

El sábado se recordaron los 200 años de la proclamación de la República del Paraguay. Fue éste el paso definitivo que consagró sin la menor sombra de dudas la independencia de nuestra nación de cualquier poder extranjero. Si bien la soberanía paraguaya estuvo amenazada en los años siguientes en un contexto de inestabilidad en la región, el 12 de octubre de 1813 quedó muy claro, de hecho y de derecho, para los propios paraguayos, que la independencia era la voluntad de todos y que era irreversible e irrenunciable. Nuestra nación asumía para su gobierno la forma republicana, inspirada en las instituciones romanas, entre ellas el consulado, compartido por el doctor Rodríguez de Francia -soporte intelectual de la Revolución de Mayo- y por Fulgencio Yegros, indiscutido líder militar del Paraguay independiente.

La fecha pues tiene doble importancia. Por un lado es la ratificación irrevocable de nuestra soberanía y, por el otro, se constituye en la primera República de Sudamérica, en tiempos en que no eran pocos los que planteaban organizaciones estatales distintas, como monarquías o imperios criollos. Los 1.000 diputados que tomaron parte del Congreso de 1813 -elegidos por “pluralidad de votos”, según crónicas de la época- instituyeron además un reglamento de gobierno -cuyo texto original fue exhibido en estos días por la Secretaría de Cultura- al que los cónsules y funcionarios del gobierno debían ajustar su conducta y por el cual se distribuían las diferentes atribuciones, incluida la creación de un tribunal de alzada para dirimir las cuestiones judiciales. Se cuenta que el fervor patriótico era tal que los diputados echaron del recinto al único de ellos que abogó tímidamente por la unión con Buenos Aires.

Al acto central de conmemoración de tan trascendental fecha para nuestra historia, con la presencia del presidente de la República y el titular de la Corte Suprema de Justicia, solo acudieron cinco legisladores. Este “vacío” de los diputados y senadores no resulta extraño a la luz de las últimas actitudes asumidas por los legisladores.

En este sentido, es todo un síntoma de la escasa vigencia de los principios republicanos en el Congreso las declaraciones del presidente de la Cámara Baja, Juan Bartolomé Ramírez, quien llamó a los diputados “80 príncipes”, cada uno de los cuales necesita un mínimo de “10 empleados de confianza” solventados naturalmente por cuenta del Estado. La negativa de senadores y diputados de transparentar la nómina de empleados del Poder Legislativo -donde aparecen hijos, hermanos, esposas, novias, recomendados y toda clase de allegados a los mismos parlamentarios- es el comportamiento de una casta que se siente por encima de la ley y de los demás ciudadanos, con privilegios y prerrogativas que están muy lejos de cualquier valor republicano.

La defensa de los miles de operadores partidarios en la Justicia Electoral y otras instituciones, el festín con recursos públicos en las pensiones graciables y la frecuente autoasignación de beneficios y remuneraciones son otras tantas muestras de una visión de la política que concibe al patrimonio del Estado como propiedad de los políticos y las autoridades. Esta visión parece más asociada precisamente a príncipes y reyes antes que a auténticos republicanos y demócratas.

Paraguay necesita encender de nuevo aquel entusiasmo patriótico de 1813, cuando con una enérgica determinación se resolvió romper las cadenas impuestas por todo tipo de amos, se encuentren éstos dentro o fuera de nuestras fronteras.
sábado, 12 de octubre de 2013 0 comentarios

¡República o muerte!

A la una de la tarde del 12 de octubre de 1813, el Paraguay comenzó a ser República. Una definición institucional que los vecinos adoptarían mucho más tarde: la Argentina en 1860, después de varias denominaciones, las que se iniciaron con la de “Provincias Unidas” en 1810, hasta la Confederación, vigente antes del Decreto del presidente Santiago Derqui, el 8 de octubre de aquel año. Brasil abandonó la monarquía el 15 de noviembre de 1889, cuando el Mariscal Manuel Deodoro da Fonseca sublevó a las tropas acuarteladas bajo su mando, declarando la República. Un detalle sarcástico de esta gesta se debió a que el movimiento republicano se incubó durante la guerra contra el Paraguay de la que Pedro II, el emperador depuesto, fue numen y gestor principalísimo.
En el Uruguay, la “República Oriental” sustituyó al “Estado Oriental” el 1º de marzo de 1919.

Pero el año 1813 no fue sólo histórico por lo que sucedía en Paraguay donde 1.000 ciudadanos de todos los rincones del país, se reunían en el Convento de la Merced para analizar y decidir las formas de gobernarse, sino porque se trataba de una situación que contrastaba dramáticamente con el generalizado desconcierto que había producido la caída de la monarquía española bajo las botas de Napoleón, en 1808. Pues en el resto de las antiguas provincias americanas, cundía la incertidumbre y se sucedían unas tras otras, las declaraciones de autonomía o independencia aunque casi todas ellas jurando lealtad y obediencia al “amado Rey Fernando”. La antigua y desfalleciente monarquía no se “tragó” sin embargo esta rebelión bajo tan devoto ropaje y en 1814 iniciaría la sangrienta reacción, comenzando con el desmantelamiento de las noveles “patrias” americanas. Las “guerras a muerte”, repetidas e inacabables a partir de entonces y hasta 1824, produjeron una devastadora marea de violencia, lejos de los sueños de libertad y felicidad que habían animado a los patriotas. En 10 años de lucha se cuantificaron 260.000 muertos en Venezuela y 610.000 en México; mientras que en la cuenca del Plata, las facciones en pugna tras el poder, los remedos de gobierno, la preeminencia de caudillos frente a las instituciones, además de los degüellos y matanzas, hacía materialmente imposible un cálculo de las pérdidas.

¿En qué consistía el valor de aquel “anticipo” institucional que Paraguay daba a su pares de América? Básicamente, en un intento de alinearse al concepto de RES PVBLICA (la cosa pública) y desarrollar un estado bajo el imperio de la ley; algo que hoy llamaríamos “Estado de Derecho”. Se planteaba “…la realización de las aspiraciones generales, arrostrar los múltiples problemas que promueve la convivencia social” junto al intento de buscar la felicidad de los pueblos a través de una vida digna. Y lo hacían personas de escasa ilustración y experiencia que, salvo dos o tres referentes, no habían accedido a la luz del conocimiento pero que, tras siglos de aislamiento, injusticias y padecimientos de toda clase, estaban inoculados con un orgullo nacional del que carecían los demás americanos. Además de un fuerte sentimiento de arraigo, sentido de pertenencia y responsabilidad colectiva, virtudes que habrían motorizado lo que la ilustración no pudo brindarles. La modesta cantidad de 68 muertos en la época más violenta de la “represión francista”, cuando es descubierto un complot contra la vida del Dictador, es “cartón y pan pintado”, frente a la desoladora estadística anterior.

PARAGUAY, la única provincia de ultramar sin costas de mar a partir de 1617.

El único país que, ya República, conservara el nombre del solar preexistente a la llegada de los europeos.

La única colonia en la que sus habitantes se llamaron “paraguayos” cuando las demás colonias ni siquiera existían; y que ya manifestaban un “amor de patria a la tierra que los vio nacer”.
El único pueblo que en un 85% de su población, conserva y se comunica en la lengua de su población original.

La única Nación que integró a sus castas en una sociedad igualitaria en la que desaparecieron las características raciales, que en otros países de América sirvieron para descalificar y discriminar a los seres humanos, …no pudo haber dado al mundo las muestras de heroísmo y pasión en la defensa del terruño sólo por casualidad o por el ocasional valor de sus conductores.
Todo este bagaje de valores y virtudes debería hacer que los paraguayos del siglo XXI merezcamos mejores gobernantes de los que tuvimos y representantes más aptos de los que tenemos. En aquel 12 de octubre de 1813, el sentido del honor y el patriotismo suplió lo que faltaba de experiencia de Estado o conocimientos académicos. Hoy …lo que tengamos, es inútil si no existen honor y patriotismo.

Por Jorge Rubiani

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/republica-o-muerte-627659.htm
viernes, 11 de octubre de 2013 0 comentarios

Chatura moral e intelectual

Hay una asamblea de “ochenta príncipes”, cada uno de los cuales tiene derecho a un séquito de ocho a diez personas de confianza. Lo dijo Juan Bartolomé Ramírez, presidente de esa asamblea que, no obstante, sigue llevando el prosaico nombre de Cámara de Diputados. Si bien el número de príncipes se mantiene constante, el de cortesanos aumenta porque los nuevos se suman a los anteriores, tanto que hoy ya son 1.088 los que modestamente se hacen llamar funcionarios o contratados. Es claro que a los súbditos, comúnmente conocidos como ciudadanos aportantes de impuestos, les resulta cada vez más caro sostener a tantos aristócratas: el presupuesto de la corte pasó de 76.341 millones de guaraníes en 2008 a 224.894 millones este año. Pocas veces se habrá visto, en la historia del Paraguay, tanta desfachatez por parte de quienes, en vez de representar al pueblo, se aprovechan de él escandalosamente. 

Hay una asamblea de “ochenta príncipes”, cada uno de los cuales tiene derecho a un séquito de ocho a diez personas de confianza. Lo dijo Juan Bartolomé Ramírez, presidente de esa asamblea que, no obstante, sigue llevando el prosaico nombre de Cámara de Diputados. Si bien el número de príncipes se mantiene constante, el de cortesanos aumenta porque los nuevos se suman a los anteriores, tanto que hoy ya son 1.088 los que modestamente se hacen llamar funcionarios o contratados. Es claro que a los súbditos, comúnmente conocidos como ciudadanos aportantes de impuestos, les resulta cada vez más caro sostener a tantos aristócratas: el presupuesto de la corte pasó de 76.341 millones de guaraníes en 2008 a 224.894 millones este año. 

La tragicómica opinión que encabeza estas líneas fue un intento de justificar el uso del presupuesto en favor de esposas, hijos, amantes y niñeras de una serie de variopintos legisladores. Para negar una información de interés público, solicitada por la prensa en el ejercicio de un derecho constitucional, se esgrimió cínicamente la tesis del “derecho a la intimidad” de quienes prestan servicios en el Congreso. Lo que se quería ocultar no era precisamente la supuesta intimidad de los funcionarios y contratados, sino más bien la de los legisladores que instalaron a sus allegados en el Congreso. Es que, una vez que se conocieran los nombres de quienes perciben dinero público mensualmente, iba a resultar fácil relacionarlos con los respectivos benefactores. 

Por eso mismo, el presidente del Senado, Julio César Velázquez, dijo cuánto ganan las 838 personas que allí trabajan, pero no dio sus nombres, los que, sin embargo, al parecer ahora se van a conocer mediante una resolución del plenario de ese cuerpo legislativo. Es claro que también la Cámara Alta tiene sus “príncipes”, aunque solo sean 45. Como era previsible, el encubrimiento fracasó, hasta ahora, al menos en lo que respecta a la Cámara de Diputados. Entonces, su presidente se lanzó a cohonestar los escandalosos nombramientos sin temor al ridículo, ni a la moral, ni a la ley ni a lo que le pueda pasar en las próximas elecciones. Sin esforzarse mucho y tomando a los ciudadanos por idiotas, adujo que los parlamentarios necesitan tener consigo “gente de confianza”, con lo cual demostró su burricie ignorando tanto la Ley Nº 1626/00, que regula la función pública, como la Nº 2777, que prohíbe el nepotismo en ella. El art. 8º de la primera ley enumera taxativamente los “cargos de confianza” y resulta que entre ellos no figuran el de ayudante de legislador o equivalente ni, mucho menos, el de niñera de sus hijos. El art. 1º de la segunda ley impide que los presidentes de las dos Cámaras nombren “a parientes comprendidos dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad, salvo que tales nombramientos se efectúen en el marco de un concurso público de oposición”. ¿Hace falta insistir en que los cónyuges, hijos, amantes y niñeras que “trabajan” o deberían “trabajar” en la Cámara de Diputados no ganaron ningún concurso de ese tipo? Si se alegara que la prohibición alude a los familiares del presidente y no a los de los miembros, caería de maduro que los nombramientos de quienes están estrechamente relacionados con un legislador derivaron del uso indebido de influencias por parte de este, castigado por la Constitución con la pérdida de la investidura, o que, simplemente, son el resultado de una repartija de cargos entre los diputados, cuyos ocupantes son luego formalmente designados por el presidente. Estos mecanismos de inserción no son excluyentes entre sí. 

En todo caso, los nombramientos fueron nulos por haberse violado el art. 15 de la Ley de la Función Pública, que dispone que el sistema de selección para el ingreso es el de concurso público de oposición. Más allá de lo jurídico, lo que hasta ahora se ha descubierto muestra hasta qué punto ha llegado la chatura moral e intelectual de muchos legisladores, empezando por el presidente de la Cámara de Diputados. Para él no existen lo que se llama nepotismo ni una ley que lo prohíba. Piensa que quien ocupa un cargo público, como el de congresista, tiene el derecho de que sus allegados vivan a costa de los contribuyentes porque son de su confianza. “Así tiene que funcionar”, dijo, y se quedó de lo más ancho. Cabe preguntarse por qué, si eso realmente está bien, trató de ocultar las cosas. La “intimidad” de los beneficiarios de la práctica comentada tampoco hubiera resultado afectada, ya que no estaría mal ejercer un cargo público solo por merecer la confianza de alguien, por el motivo que sea. Uno se pregunta si está convencido de lo que dice, en cuyo caso su ignorancia es supina, y su descaro, a prueba de fuego, pues solo faltó que añadiera que también influyeron los méritos y las aptitudes. Desde luego, casi todos los demás “príncipes” sostienen lo mismo, incluso los recién llegados, como se ha visto: no tardaron en hacer uso de su influencia o del cupo para colocar a los suyos en el presupuesto. Conste que son los mismos que van a tratar, por ejemplo, la ley de responsabilidad fiscal, tendiente a reducir el gasto público en materia de personal. El Congreso tiene 1.926 funcionarios y contratados, es decir, 15 servidores públicos por parlamentario, así que no es raro que deambulen por los pasillos del Palacio Legislativo. Pocas veces se habrá visto, en la historia del Paraguay, tanta desfachatez por parte de quienes, en vez de representar al pueblo, se aprovechan de él escandalosamente. Que Juan Bartolomé Ramírez y otros “príncipes” se digan correligionarios de Eligio Ayala desnuda la degradación de nuestra clase política. 

Que no les quepan dudas a los sinvergüenzas de que ya no pueden jugar a las escondidas porque, tarde o temprano, sus trapos sucios salen a la luz, y de que la movilización ciudadana con su voto los desalojará del recinto que hoy deshonran. 
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/lamentable-chatura-intelectual-y-moral-de-muchos-legisladores-627227.html
sábado, 28 de septiembre de 2013 0 comentarios

Transparencia, principio ético y democrático

En Paraguay la noción del servidor público, de la política como “la más alta expresión de la caridad”, al decir del papa Francisco, sencillamente no existe. Décadas de abuso de autoridad y de corrupción impune han colocado en el imaginario social prácticamente a cualquier funcionario público muy por encima del resto de los ciudadanos.

La mayor tergiversación política, la que se encuentra en el origen de todos los vicios y prácticas nocivas de nuestra política, es la que sostiene y alimenta la creencia de que las autoridades y, por extensión, los funcionarios públicos se hallan por encima de los ciudadanos comunes.

Esta distorsión es una de las causas del desprestigio de la clase política que salvo escasas excepciones concibe la actividad pública como una carrera tras un botín: quien llegue primero a los bienes y recursos del Estado tiene todo el derecho de disponer de ellos a su antojo y excluir de la administración a cualquiera que no demuestre plena fidelidad al partido o al caudillo.

Las autoridades electas son portadoras de un mandato por la libre voluntad de la mayoría de la ciudadanía, no son acreedores de privilegios o de prerrogativas ilimitadas. Los representantes electos, por su parte, tienen un vínculo y una responsabilidad aún más directas con quienes les votaron. En Paraguay, sin embargo, la noción del servidor público, de la política como “la más alta expresión de la caridad”, al decir del papa Francisco, sencillamente no existe. Décadas de abuso de autoridad y de corrupción impune han colocado en el imaginario social prácticamente a cualquier funcionario público muy por encima del resto de los ciudadanos.

Un empleado administrativo con el papel de acelerar o demorar un trámite o algún otro con la facultad de sellar o no un documento ejerce ese poder de la forma más discrecional que se pueda concebir. Actúa así a la espera quizás de algún soborno que lo “estimule” o incluso sin ningún propósito, por inercia. Si en los rangos más básicos de la administración pública ocurre así, ¿qué cabe esperar de los estratos más altos?

En este marco cultural deben interpretarse las actitudes de los presidentes de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores, el liberal Juan Bartolomé Ramírez y el colorado Julio César Velázquez, respectivamente. Ambos políticos se han negado sistemáticamente a hacer pública información sumamente relevante en relación a la gestión y destino de los recursos públicos en el Poder Legislativo. Han rechazado sin tapujos revelar la nómina de funcionarios y las remuneraciones que éstos perciben como si tuvieran ese derecho, como si los paraguayos no pudieran exigir información concreta y veraz acerca de cómo se gasta su dinero, como si se debieran primero a sus operadores y recomendados –que integran en mayoría el plantel de empleados del Congreso– antes qu
e a la ciudadanía y a sus electores.

Resguardándose en argumentos absurdos o directamente perversos, ignoraron no solo disposiciones taxativas de la Constitución, las leyes y los reglamentos de las cámaras, sino que abolieron un principio ético elemental de la democracia. La transparencia en la administración del patrimonio público no es otra frase muerta en las leyes de la República, va mucho más allá de eso. Es un pilar intangible de la convivencia social, un valor fundacional de la democracia misma, como la libertad o la igualdad ante la ley.

La tibia reacción de senadores y diputados ante la actitud de los presidentes de las cámaras del Congreso demuestra que la distorsión de la que se hablaba al principio está extendida y generalizada. Es fundamental corregir el rumbo en la brevedad posible, instalando una cultura de la transparencia en toda la gestión pública.

Impulsar este cambio en las prácticas habituales en la política paraguaya es una función que debería corresponderle, precisamente, a los senadores y diputados.

http://www.lanacion.com.py/articulo/142195-transparencia-principio-etico-y-democratico.html
martes, 13 de agosto de 2013 0 comentarios

El Mburuvicha

Una nueva etapa política comienza en Paraguay y deberíamos preguntarnos cuánto nos involucramos para que este gobierno asuma y qué tipo de cambio deseamos tanto los que votaron por Cartes, los que dicen no haberlo votado pero a la postre confían en él, los que lo repudian y hasta los que ignoran sus propios deseos. Si bien el voto es decisivo, no es lo esencial; aquí es donde falta el trabajo que ningún gobierno hizo: crear bases de educación política para generar capacidad común de desarrollo.
La mayoría de las personas ya no confía en las instituciones políticas actuales, porque los intereses personales y grupales han hecho de ellas un antro de propagación de males, un “premio gordo” para unos cuántos que se arreglan la vida robando, sin el más mínimo temor a que en algún momento se les obligue a devolver lo que no les pertenece; totalmente relajados, estos delincuentes hasta reciben condecoraciones. Magnates politiqueros construyen mansiones, aumentan sus propiedades, se van de vacaciones donde quieren, mandan a sus hijos a estudiar a las mejores universidades del mundo, mantienen amantes y hacen rekutu. Esto es lo que las personas honestas no quieren más.
Jóvenes de la ANR proponen “coloradizar” el país durante estos días; olvidándose de que la ética de su partido sigue anémica, sus más fanáticos afiliados postean frases como: “Volvemos al poder, reviente quien reviente”. Por su parte, los demás partidos, alianzas y movimientos solo echan más rencillas y disputa de intereses. Mucho polvo para sacudir del escritorio en Mburuvicha Róga. Por cierto, el presidente electo debería tomar en consideración la opinión virtual que se vierte acerca de sus futuros ministros.
Horacio Cartes no maneja el discurso con habilidad, no es su fuerte la palabra, pero los que lo califican de exitoso empresario aseguran fervientemente que sin hablar puede manejar el país mejor que sus antecesores.
El pueblo no puede quedarse dormido, el desafío es romper la inercia y participar políticamente –aun a nuestro lentísimo paso– y trabajar por el bien común. En charla informal, un jurista decía: “El paraguayo no tiene conciencia del bien común, solo busca su propio beneficio; por eso no logramos respetarnos mínimamente ni desarrollarnos”. Es cierto, pero no olvidemos que la mayoría no participa de la vida cívica.
Tal como la gente reclama más políticas educativas, también hemos de exigir educación política, que no significa ideológica (salvo en su inicial sentido como generadora de ideas), sabiendo que educándonos en la comprensión y crítica del sistema que nos rige controlamos y devaluamos el deseo de eternidad de los grupos dominantes. Muchos fieles se enojan cuando en la iglesia el sacerdote habla de política, también se molestan si en el colegio algún osado profesor explica los juegos políticos, el comerciante dice que para no perder clientes no hay que hablar de temas partidarios. ¿Dónde se aprenden los conceptos básicos sociopolíticos para la lucha diaria? En pocos hogares se conversa y en muchos grupos sociales se neutraliza.
El deseo honrado reza que todas las familias tengan acceso a la canasta básica de alimentos, vivienda, salud, educación, a un plus para esparcimiento y ahorro; que los servicios públicos se renueven por completo, que se achique el Estado, saneamiento de los tres Poderes, que exista una real comunicación entre las instituciones. Que nos deshagamos de la facilidad y brutalidad que tenemos para condenar al más débil, aprendiendo a analizar las causas de nuestra dolorosa realidad. Vaya si hay trabajo para el Mburuvicha. Esta semana, el gobierno no pertenece a los partidos ni a los políticos; lo iniciamos todos.
sábado, 10 de agosto de 2013 0 comentarios

Parlamentarios están en la pavada!!!

El Lic. Freddy D’Ecclessis (ANR), diputado por San Pedro, ha presentado un proyecto de ley para que la calle asuncena 25 de Mayo pase a llamarse Alejo García. Aparte de que ya existe en la capital una calle con este nombre –lo que demuestra que el proponente ni siquiera investigó– y de que la cuestión es de competencia municipal, la iniciativa revela, una vez más, que los legisladores suelen dedicarse a la pavada, como si en este país no hubiera gravísimos problemas en materia de educación, salud, propiedad rural, finanzas públicas o seguridad ciudadana. Si bien un parlamentario no siempre goza de la formación intelectual requerida para tratarlos, por lo menos no tendría que distraer la atención de la ciudadanía ni hacer perder el tiempo a los colegas con propuestas del todo irrelevantes.

Parece que lo que se busca con mociones de este tipo es llamar la atención y darse a conocer como un legislador laborioso. Se cree que la calidad del parlamentario es
tá en relación directa con la cantidad de proyectos de ley arrimados. Se trata de una opinión muy difundida en el Poder Legislativo, tanto que este se precia, a fin de año, del gran número de leyes sancionadas, como si ello fuera una demostración de su buen desempeño. Para nuestros legisladores, cuantas más leyes, mejor, aunque sean pésimas y aunque el Poder Ejecutivo no las pueda o no las quiera hacer cumplir. Para ellos, aunque muchas tengan la trascendencia del proyecto referido, servirían para promocionar al proponente y enaltecer al Congreso, lo que incrementa cada vez más el rechazo de la ciudadanía.

Que en el Paraguay la mayoría de los proyectos de ley tenga origen en el Poder Legislativo y no en el Ejecutivo es, ciertamente, una peculiaridad nacional. Hay una verdadera profusión de leyes, en la que juegan un gran papel las dispendiosas pensiones graciables.

Otra creencia generalizada de nuestros legisladores es que para solucionar un problema hay que crear un nuevo órgano gubernamental, mediante la ley correspondiente. Algún nuevo ministerio, alguna nueva secretaría, una comisión interinstitucional o cualquier otra entidad que involucre nuevos funcionarios, nuevos contratados, nuevos cargos.

Se cree que legislar es gobernar, y no es así. Gobernar es ejecutar correctamente las leyes que sean necesarias y sensatas, mediante los actos administrativos correspondientes. El Poder Legislativo tiene también la importante función de controlar a los otros poderes. Pedir informes, citar e interpelar o crear una comisión de investigación son iniciativas que competen a los legisladores y que deberían ejercerse siempre y cuando se refieran a cuestiones relevantes, no cuando apunten simplemente al espectáculo mediático, y dándoles el seguimiento adecuado. Hasta ahora, las interpelaciones y pedidos de informes realizados en el Parlamento han insumido valioso tiempo de los legisladores y han servido de bien poco, por no decir para nada.

Ni los proyectos de ley presentados ni los mecanismos de control ejercidos deberían responder exclusivamente a la ocurrencia de un parlamentario. Tendría este que auscultar, en lo posible, el sentir y la opinión de los electores, y consultar con sus colegas.

¿Consulta el legislador con la bancada que integra antes de lanzar un proyecto de ley? ¿Responde, en cada caso, a una inquietud de los pobladores del departamento al que representa? En el caso arriba citado, nada sugiere que la bancada colorada de la Cámara de Diputados haya conocido antes el proyecto de ley ni que los ciudadanos del departamento de San Pedro –al que representa el proyectista–, por ejemplo, estén ansiosos de que se cambie el nombre de una calle de Asunción.

Ocurre que el legislador no rinde cuentas ni a su partido ni a sus electores. Como su mandato es irrevocable durante cinco años, puede hacer lo que se le antoje. Recibe una suerte de cheque en blanco. Se dirá que podrá ser castigado con la no reelección, pero puede que el diputado no aspire a ella, o que, si es lo bastante hábil o adinerado para tener un buen lugar en una lista que compita en las elecciones internas, sea reelecto sin que se tengan en cuenta sus disparates legislativos. Para eso están las listas sábana.

Lo antedicho vale también para los senadores. En este caso, como se vota una lista nacional, la distancia que separa al legislador de los electores es aún mayor. Los votantes desconocen a los candidatos, quienes pasan desapercibidos en el boletín de voto, si no encabezan la lista. De nuevo, se elige un partido o alianza, que después no tiene ningún control sobre sus senadores. Estos, ni siquiera son –como los diputados–, al menos teóricamente, responsables ante los ciudadanos de alguna circunscripción en particular, así que con más razón pueden presentar impunemente los proyectos de ley más disparatados. Durante cinco años, no recibirán ni siquiera un apercibimiento de su partido ni de su bancada, y los ciudadanos tendrán que soportarlos durante toda la legislatura. Lo mismo que los diputados, no representan, de hecho, ni a los electores ni a sus agrupaciones políticas. Se representan apenas a sí mismos.

Necesitamos un Congreso que se ocupe de cosas serias y otorgue cierta seguridad en el sentido de que los proyectos de leyes, los pedidos de informes, las citaciones e interpelaciones, así como la creación de comisiones de investigación, respondan a cuestiones de verdadero interés nacional. Es de desear que en este nuevo periodo legislativo los senadores y diputados dejen de “figuretear” y piensen en las cuestiones que pueden realmente interesar a la ciudadanía, al pueblo, del que gustan autodesignarse “representantes”.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/nuestros-legisladores-estan-en-la-pavada-605366.html
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Más del MERCOSUR

A más de constituir una jornada política de alto contenido democrático, la solemne ceremonia de transmisión del mando presidencial, que se desarrollará el jueves próximo, debe ser una ocasión propicia para iniciar un proceso de recomposición de las deterioradas relaciones bilaterales con los principales países de la región cuyos mandatarios se harán presentes en nuestra capital. Al mismo tiempo, puede ser el comienzo de un proceso de diálogo que desemboque, en el mediano plazo, en la plena reinserción del Paraguay al Mercosur, un proceso de integración de tan relevante significación para el desarrollo económico y social de nuestro país.

La destitución del ex presidente Fernando Lugo supuso para el Paraguay un penoso paréntesis en la vinculación con nuestros principales vecinos y socios comerciales. Más allá de las cuestiones que lo motivaron, es de crucial importancia que esas relaciones sean restablecidas en un periodo breve de tiempo, fundamentalmente a través de la implementación de mecanismos que permitan restituir la confianza mutua en el corto plazo.



La anunciada presencia de varios mandatarios, como el caso de la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, debe constituir un momento relevante para que el nuevo jefe de Estado paraguayo, Horacio Cartes, entable un diálogo que permita superar las divergencias surgidas hace ya casi catorce meses.

Son variados y muy profundos los vínculos y los intereses que nos unen con nuestros vecinos. El tratamiento de destacados temas comerciales, energéticos, fronterizos y migratorios ha sido dilatado por demasiado tiempo, de allí que urge la necesidad de recuperar una conversación fructífera que posibilite el relanzamiento de las relaciones bilaterales en todos los órdenes.

Al mismo tiempo, tal como se decidió en la última Cumbre Presidencial del Mercosur, celebrada el pasado mes de julio en Montevideo, el próximo jueves se hará efectivo el levantamiento de la suspensión que impedía la participación de nuestro país en los órganos decisorios del bloque.

Ese constituye el primer paso para avanzar en un diálogo franco acerca de los mecanismos que deberán echarse a andar para que sean superadas las diferencias de carácter jurídico y político que produjeron, por un lado, la suspensión del Paraguay del Mercosur, y, por otro, el arbitrario ingreso de la República Bolivariana de Venezuela al proceso de integración. Si existe voluntad de entendimiento, no caben dudas de que la salida al impasse producido con ambos hechos podrá ser encontrada con relativa facilidad.

Tal como lo expresó algunas semanas atrás a un programa radial de nuestro país la senadora y primera dama del Uruguay, Lucía Topolansky, el 15 de agosto representará una oportunidad irrepetible para que los mandatarios se encuentren y puedan “decirse a la cara”, sin intermediarios, todo lo que piensan acerca de lo acontecido en los últimos catorce meses, a fin de dilucidar y poner término a aquellos aspectos que actualmente los distancian.

En esta sensible materia, está más que claro que las nuevas autoridades deberán actuar con sensatez, creatividad y sentido de responsabilidad, articulando las medidas que permitan preservar la dignidad nacional, al mismo tiempo que facilitar una plena reinserción nacional al Mercado Común del Sur. El Mercosur es un proyecto político, económico y comercial del que hemos sido fundadores y en el que debemos continuar participando para propiciar, junto con la colaboración de nuestros vecinos y socios, las condiciones estructurales que nos permitan insertarnos exitosamente en el mundo globalizado, con oportunidades de crecimiento y de bienestar para todos y cada uno de aquellos que lo habitamos.

http://www.ultimahora.com/una-ocasion-recomponer-lazos-bilaterales-y-regionales-n711881.html
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Cuestión de excavaciones

Son dos huecos abiertos casi al mismo tiempo en la piel de la tierra, con dimensiones distintas, en geografías y circunstancias diferentes. Están a unos cuantos kilómetros de distancia entre sí, pero de algún modo expresan lo que somos, y nos enfrentan a la historia que padecimos y al modelo de sociedad que –a pesar de todo– insistimos en construir.

El primer pozo se empezó a excavar la semana pasada, en medio de un telenovelesco show mediático, en una polvorienta calle de Aldana Cañada, Capiatá. Un ejército de obreros, dirigidos por Juan Alberto Díaz, un surrealista buscador de plata yvyguy que cree en la transmutación de los metales y en los espíritus vigías que descansan a la hora de la siesta, quien asegura que allí hay enterrado un tesoro de 10.000 kilos de oro en lingotes.

La excavación del primer pozo se hizo con apoyo de intendentes municipales, procuradores de Estado y políticos financistas, con dos potentes retroexcavadoras y una motobomba, con la custodia de medio centenar de policías y la presencia de una multitud de curiosos, que concentraron la atención con transmisiones en vivo de radio y televisión, y gran despliegue en diarios y sitios web de noticias.

El segundo pozo se empezó a excavar en medio de la soledad y el silencio, en las ocho hectáreas de una propiedad rural, en el barrio San Roque de Tava’i, Caazapá. Unos pocos hombres con palas, dirigidos por Rogelio Goiburú, un obstinado e incansable buscador de la verdad, quien cree en la Justicia, en la defensa de los derechos humanos y el rescate de la memoria colectiva, y asegura que allí están enterrados varios compatriotas asesinados por los esbirros de la dictadura stronista.

La excavación del segundo pozo se hizo sin máquinas motobombas ni retroexcavadoras, ni ejércitos de policías antimotines custodiando, ni multitud de curiosos ni gran cobertura de prensa ni transmisiones en vivo.

El millonario tesoro del primer pozo finalmente no pudo ser hallado. La Fiscalía suspendió la búsqueda cuando el cráter ya había alcanzado 25 metros de profundidad y 50 de diámetro, rompiendo varias venas del acuífero Patiño.

En el segundo pozo se hallaron restos óseos de dos personas asesinadas de disparos en la cabeza, que serán sometidas a identificación, y que suman a 25 los restos hallados de las cerca de 500 personas consideradas desaparecidas por la dictadura stronista.

Hay quienes lamentan que el tesoro de Juan no haya podido ser encontrado. Quienes creemos que no todo lo que brilla es oro, estamos felices por el nuevo hallazgo del tesoro de Rogelio.

http://www.ultimahora.com/entre-el-tesoro-juan-n711907.html
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Liderazgo ético

¿Es posible hablar de ética en el liderazgo?
Este es un abordaje muy propio de este siglo. Es un concepto que se opone a la competencia frontal y salvaje, la que propicia la supervivencia del más apto. Un término que acompaña muy bien esta línea de pensamiento es el de competitividad, palabra sobre la cual la academia nos entrega dos definiciones: Si se trata de personas, son aquellas que “contienden entre sí, aspirando unas y otras, con empeño, a una misma cosa”.

Y si hablamos de cosas, es “igualar a otra análoga, en la perfección o en las propiedades”. La pregunta que cabe en este caso es: ¿Se pueden alcanzar ambos fines manteniendo un nivel ético? Es allí donde entra el liderazgo de avanzada.

En el concepto tradicional, líder es aquel individuo “al que un grupo sigue, reconociéndolo como jefe u orientador”, teniendo como único objetivo la obtención de un resultado o una meta colocando en un segundo plano a quien se lastima o se deja atrás. En la concepción del siglo XXI, el liderazgo ético es la capacidad que tiene una persona de motivar a un grupo dentro de un proceso innovador, en un clima de entusiasmo que lleve a alcanzar metas y objetivos en pro del bien común.

Es una visión constructiva en el abordaje que un grupo humano hace de sus proyectos de vida. Es importante alcanzar metas, sí, pero contribuyendo a mejorar el mundo, no a dañarlo. Para Steve Jobs, fundador de Apple, “la innovación es lo que distingue al líder de sus seguidores”. Y sabía lo que decía.

Apple es, aparte de la marca más famosa de computadoras, un auténtico “top of mind” que logró crear un concepto en informática en torno al cual millones de personas en el mundo se reconocen entre sí. Alcanzar semejante logro requiere paciencia, enfoque y mucho trabajo. Pero también actitud y capacidad para ver por encima del horizonte. Un viejo proverbio dice que el éxito ama la preparación. Y un pensador de este tiempo, John Maxwell, el gran gurú del liderazgo norteamericano, sentenció: “El pesimista maldice el viento, el optimista espera que se calme y el líder prepara las velas para navegar”.

El siglo XXI está lleno de caminos que para el común de la gente son inescrutables. La mayoría espera una señal que les dé una razonable seguridad antes de internarse en ellos. Estos caminos pueden conducirnos, además, a serios peligros generados por la sobredemanda de recursos no renovables y acechanzas ambientales capaces de convertir la tierra en un planeta inhabitable.

El liderazgo ético de este siglo está llamado a plantar banderas y proponer cambios allí donde la mayoría de las personas sólo ve callejones sin salida. Cultivar desiertos y colonizar el espacio exterior es materia del liderazgo innovador que crea esperanza y construye futuro.

http://www.5dias.com.py/29480-el-liderazgo-tico
martes, 6 de agosto de 2013 0 comentarios

Huelga...

La huelga es un mal porque hace daño. Unas huelgas hacen más daño que otras, pero todas hacen daño. En ética, el mal solamente se justifica cuando hay que elegir entre males. No se justifica si puedo elegir entre el bien y el mal. En ese caso, debo elegir el bien; elegir el mal no es ético, es deshumanizante.

Cuando elijo entre males, porque no tengo otra alternativa, debo elegir el mal menor. Ese es el comportamiento ético y razonable. No tiene sentido elegir el mal mayor pudiendo elegir el menor.

Los docentes tenemos derecho a pedir y exigir salario y retribuciones justas. Si el Gobierno del país no lo hace, tenemos derecho y obligación de reclamar. Si no lo recibimos, lógicamente tenemos que dialogar con el Gobierno, negociar y presionar para conseguirlo. Y antes de tomar una decisión que hace daño seguro, como la huelga, debemos agotar las posibilidades de negociación para lograr la reacción favorable de los gobernantes.

Si todas las huelgas son complejas porque en ellas entran en juego muchos intereses, en el caso de los docentes, la huelga es más compleja todavía, porque, además de los intereses de los protagonistas, que son los docentes y los gobernantes, entran no solo los intereses, sino también las necesidades y derechos humanos de los niños, adolescentes, jóvenes y sus familiares.

En la huelga docente, que se produce por conflicto no resuelto entre docentes y gobernantes, para presionar a los gobernantes se les castiga a los niños, adolescentes y jóvenes, privándoles nada menos que de la educación. Ese castigo es radicalmente injusto, por dos razones fundamentales: una, porque ellos no son los causantes del problema ni del conflicto entre las partes. La otra, porque ellos no pueden, no están capacitados ni legitimados para intervenir en el conflicto. No intervinieron en la creación del problema y tampoco pueden intervenir en su solución.

¿Qué sentido ético tiene que sujetos que nada tienen que ver en el conflicto, que son inocentes, sean los castigados por dicho conflicto? ¿Quién resarce a los escolares del daño recibido?

El daño que se les hace a los escolares es un daño acumulativo. Si nuestros niños, adolescentes y jóvenes no reciben la educación a la que tienen derecho, el perjuicio no queda solo en ellos y sus familias; a la larga queda para todo el país. Si ellos no reciben buena y constante educación, el país no podrá salir del subdesarrollo.

Hay que reconocer que el daño de repetidas huelgas no queda solamente en el presente de estos educandos, sino que se proyecta al futuro de toda la Nación. Por eso, la legislación sobre las huelgas y el derecho a ellas debe ser muy estudiada.

Obviamente, toda huelga debe ser legal, es decir, estar convocada y ejecutada de acuerdo a las reglas de juego que están previstas en las leyes correspondientes.

La sociedad tiene derecho a exigir a los educadores profesionales un fuerte sentido de responsabilidad social y política, teniendo en cuenta además que ellos son la base principal de la formación de la ciudadanía y de la capacitación de todos para la construcción y el desarrollo del bien común. Si el ejemplo de los mayores es un factor decisivo en la educación de los menores, los profesionales de la educación deben considerar seriamente que la huelga que castiga injustamente a los inocentes no es un buen ejemplo.

Por su parte, la sociedad, además de tener derecho a exigir responsabilidad a los educadores profesionales, tiene también la obligación de darles los derechos que les corresponden. Mientras nuestra sociedad siga menospreciando la profesión docente, mientras no se reconozcan verbal y operativamente la grandeza, dignidad y trascendencia de la profesión de educar, seguiremos en interminables escaramuzas de luchas gremiales reivindicativas y lamentos por situaciones de crisis.

La queja del bajo nivel de competencia profesional de los educadores resta apoyo de la sociedad a las reivindicaciones gremiales. La sociedad desea que las mejoras salariales repercutan en mejor calidad profesional. Y los educadores necesitan que la sociedad reconozca sus derechos profesionales para alcanzar los niveles que de ellos se esperan.

Por J. Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/la-huelga-es-un-mal-603328.html

viernes, 12 de julio de 2013 0 comentarios

No más leyes, más conciencia

Cada vez que se toca el tema del medioambiente no faltan las voces que recomiendan al Congreso sacar leyes que impidan tocar arboles o cambiar el uso de la tierra especialmente cuando se trata de ecosistemas frágiles como los humedales, por ejemplo.

Los legisladores, sobre todo los que se han iniciado en esa función, pueden descansar tranquilos. Leyes ambientales sobran o, por lo menos, las hay en abundancia. Son, exactamente, 22 con sus respectivos decretos reglamentarios. Lo cubren todo: prevención de incendios, cambio climático, desertificación, polución sonora, deforestación cero, evaluación de impacto ambiental, protección de áreas silvestres y la lista sigue con otros ítems similares.

Lo que ocurre es que simplemente no se las cumple, o se las cumple a medias o su observación se reduce a un puñado de ciudadanos comprometidos con el futuro ambiental del país. Tomemos uno de los rubros descritos, la polución sonora. La ley que la prohíbe es la 1.100 de 1997 y describe claramente qué se considera polución sonora midiéndola por escala en decibelios; reglamenta con precisión, y les pone límites, a los sitios en los que habitualmente se generan ruidos molestos, incluyendo los vehículos con escape libre o sin silenciador. Es una ley exhaustiva y a la que virtualmente no se le escapa nada.

La pregunta es: ¿Por qué entonces la ciudad está llena de ruidos por todos lados? La respuesta es contundente: porque nadie hace nada. Las municipalidades siempre llegan tarde y la Policía mira para otro lado. Y no es que la ley no prevea la autoridad de aplicación. En su artículo 11 la define con absoluta claridad: “Cualquier persona puede presentar denuncia ante cualquier autoridad municipal o policial en su caso, la que está obligada a intervenir y disponer la prohibición o la reducción de los ruidos molestos”. Está obligada a intervenir... eso es absolutamente claro. Pero cuando se realiza la denuncia, la excusa de la policía antes de actuar es: ¿El ruido proviene de una propiedad privada o de la vía pública? Esta falacia otorga absoluta impunidad al transgresor, como cualquier ciudadano puede comprobarlo a diario.

Una ciudad ruidosa, sin autoridades que apliquen las leyes existentes, es una ciudad poco amigable sobre todo para visitantes extranjeros. Recientemente, un hotel de una cadena internacional perdió ser sede de un gran evento profesional pues el evaluador enviado por los organizadores percibió, aún con las ventanas cerradas, un gran estruendo nocturno proveniente de una disco cercana. Cuando supieron que ese ruido no podría ser eliminado, cancelaron la reservación. Doscientas setenta y cinco noches perdidas para la empresa. Un daño material sin reposición, todo porque las leyes ambientales, en el Paraguay, son letra muerta.
lunes, 8 de julio de 2013 0 comentarios

Humanos digitales

Cuando oímos hablar de las tecnologías de la información y de la comunicación, de las computadoras, los celulares, los iPads, las tabletas, etc., y su uso para la educación, lo más frecuente es escuchar que se los consideran como herramientas.

Creo que estamos a tiempo para mejorar nuestra manera de concebir de otra manera, de ponerle palabras, es decir, conceptos a estas nuevas realidades, que estén más de acuerdo con lo que verdaderamente son, para evitar desorientaciones, que aparentemente podrían ser intrascendentes, pero que cultural, filosófica y pedagógicamente son de suma importancia.

Toda herramienta es un instrumento que facilita la aplicación de energía en una acción mecánica para reforzar alguna destreza humana física. La tecnología digital es mucho más que una herramienta, es un recurso polifacético que genera potencialidades en el ser humano, incluso mentales, además de destrezas que posibilitan la comunicación y el acceso a la información, su selección, clasificación y archivo para su uso inmediato y remoto.

Con la tecnología digital entramos en otra galaxia antropológica y cultural, por eso hay quien habla del “homo sapiens digital”.

Además de vivir en el entorno de la naturaleza y el entorno sociocultural, nos movemos en el entorno virtual, un entorno donde encontramos de todo, pero con una diferencia a lo que nos envuelve en los otros entornos, y es que este entorno todavía ni siquiera tiene definidas las reglas de juego jurídicas, sociales, incluso éticas.

El ser humano digital supera la capacidad cognitiva natural, primero porque multiplica las sensaciones: ahí podemos percibir con nuestros sentidos cosas que son demasiado pequeñas, demasiado grandes, demasiado rápidas, demasiado abstractas, demasiado peligrosas o demasiado lejanas.

Al mismo tiempo, en segundo lugar, ampliamos nuestra capacidad de asumir múltiples perspectivas para ver las cosas desde más de un punto de vista. (Marc Prensky, 2012, 101).

Al multiplicar el número de las sensaciones, al posibilitar las sensaciones inabarcables directamente por nuestros ojos, al darnos la calidad de imagen y detalle que nuestra vista no puede por sí sola construir, queda superpotenciada la riqueza de nuestras percepciones y estimulada extraordinariamente nuestra afectividad. Todo ello provoca en nosotros una representación mental totalmente inesperada, que a su vez desencadena todo el proceso fecundo de la conceptualización sorprendente, el juicio admirativo y abierto, para introducirnos en las puertas de una reflexión novísima que nos conduce al conocimiento mucho más profundo. Tan profundo, que puede desencadenar cuestionamientos provocativos que induzcan a múltiples preguntas en busca de un saber estimulante.

Concomitante con ese proceso se desarrolla la memoria, ofreciendo la disponibilidad de una infinita memoria externa fácilmente accesible, totalmente disponible. Jamás los humanos habíamos sospechado que tendríamos a nuestro alcance la información, los conocimientos, las opiniones, las investigaciones de todas las ramas del saber, en sus versiones del pasado, y en la vigencia de la actualidad más palpitante. Jamás pudimos imaginar que tendríamos simultáneamente acceso, desde nuestras casas a las bibliotecas y archivos más importantes de todo el mundo.

Los neurólogos empiezan a darnos datos impresionantes sobre las reacciones de nuestros cerebros ante el uso cotidiano de las tecnologías digitales. La plasticidad o capacidad de cambio y adaptación del cerebro humano se confirma espectacularmente en las investigaciones que se vienen haciendo con los usuarios nativos de estas tecnologías. Los movimientos de nuestras neuronas ante los estímulos de estas tecnologías con sus diversos tipos de servicios y programas empiezan a revelar aspectos y potencialidades de nuestro cerebro que se desconocían.

Poco a poco, imperceptiblemente, se empieza a generar una nueva antropología, un nuevo modo de ser humano, un humano digital dotado de potencialidades y capacidades muy diferentes a las que hasta ahora hemos tenido los seres humanos. Las diferencias generacionales se acrecientan ahora con este nuevo factor desencadenante. Los niños, adolescentes y jóvenes usuarios frecuentes de las tecnologías digitales no solo tienen aficiones distintas, gustos diversos, intereses y modos de relacionarse diferentes, ellos mismos son diferentes, porque ellos son humanos digitales.

Es evidente que la filosofía de la educación, los fines y objetivos y consecuentemente los currículos, programas y didácticas de todos los niveles del sistema educativo, incluida la educación superior, necesitan un replanteamiento de fondo. No podemos hacer cambios que sean para hacer más de lo mismo.

Por J. Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/humanos-digitales-592977.html
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Trabajar en educación de inmediato

De las muchas urgencias que deberá atender el nuevo gobierno la educación debe figurar al tope de la lista. Ha sido demasiado el tiempo desperdiciado en este campo, crucial para alcanzar la meta anhelada de la superación de la pobreza y el atraso. El nuevo gobierno debe operar activamente para convertir a los maestros en aliados en el proceso de profundos cambios que es vital impulsar sin pérdida de tiempo.

Aunque las vacaciones de invierno abren una suerte de paréntesis en el conflicto entre los gremios docentes y el gobierno, lo cierto es que el problema está lejos de resolverse. Los maestros alegan que muchos de los acuerdos arribados con anterioridad no fueron respetados por las autoridades. El reclamo coincide además con el pésimo momento que atraviesan las arcas públicas. Lo más probable en estas condiciones es que el conflicto y las medidas de fuerza -que solo perjudican a los estudiantes- se recrudezcan a la vuelta a clases. Con este panorama, el 2013 se encamina a convertirse en otro año perdido para la educación paraguaya.

No solo no se introdujo la más mínima mejora a la educación -infraestructura, mallas curriculares, aumento de horas de clase, ampliación de programas de becas, etcétera- sino que los mismos problemas crónicos que se arrastran desde hace años cobraron renovada vigencia: aulas y escuelas que se caen a pedazos, retrasos y sospechas de negociados en la provisión de útiles y de la merienda escolar y los interminables conflictos gremiales. Lamentablemente, las perspectivas para lo que queda del año no son muy alentadoras. Por eso mismo, es indispensable que el nuevo gobierno comience a trabajar sin pérdida de tiempo para que el 2014 no se transforme también en una oportunidad fallida. Para ello es fundamental empezar a ocuparse de la educación desde el mismo día en que se instalan las nuevas autoridades. Un paso adelante en este sentido debe ser la formación de una mesa de diálogo con los gremios docentes, con el propósito de resolver el impasse actual pero también con una visión a futuro, estratégica.

Los docentes deben ser los protagonistas del cambio que el país necesita en la educación. Sin la participación, sin el entusiasmo, sin el compromiso de los maestros cualquier intento de transformar nuestro sistema educativo, de modernizarlo y adecuarlo a las exigencias del presente naufragarán irremediablemente. Si el porvenir de un país depende de la buena o mala educación que reciben sus niños y jóvenes, entonces una parte fundamental de ese porvenir está en manos de los maestros. Por esta razón, los gremios de maestros deben ser conscientes y orgullosos de este papel y no usarlo con fines extorsivos. La lucha por sus reivindicaciones es legítima pero no puede darse a costa de la sociedad y debe integrar, además, actitudes más proactivas. Nuestro país necesita dar un salto histórico y radical en la calidad de la educación que se imparte en escuelas y colegios, tanto públicos como privados.

A los docentes les está reservado un rol crucial en este objetivo, indispensable para superar el atraso y la pobreza. Un paso previo para ello es que los mismos gremios de maestros reconozcan las grandes deficiencias que tiene la educación y la escasa formación de los profesores. Los docentes, como todos los demás ciudadanos, tienen el absoluto derecho de reclamar mejores condiciones de vida y de trabajo. Pero también es necesario que asuman a la vez el compromiso de mejorar sustancialmente su formación profesional y sus capacidades pedagógicas.

De las muchas urgencias que deberá atender el nuevo gobierno la educación debe figurar al tope de la lista. Ha sido demasiado el tiempo desperdiciado en este campo, crucial para alcanzar la meta anhelada de la superación de la pobreza y el atraso. El nuevo gobierno debe operar activamente para convertir a los maestros en aliados en el proceso de profundos cambios que es vital impulsar sin pérdida de tiempo.
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Libertad y responsabilidad al hablar

Algo viene torcido en nuestras raíces y sospecho que está íntimamente ligado a la educación que nos imparten en las familias y en las escuelas. Y es probable que sea la misma educación que seguimos impartiendo a nuestros hijos: la impresionante “habilidad” de atacar aún más a los que son víctimas.

Ante un hecho de violencia sexual (no importa qué tan rica o pobre sea la víctima), ante los atropellos, las desventuras, las tragedias o las desgracias, todos ensayamos un folclórico “por algo habrá sido”. Es una suerte de terapia colectiva en la que intentamos aminorar culpas propias lavando las que tenemos como sociedad al permitir, tolerar o convivir –sin ruborizarnos– con determinadas situaciones.

Cuando violan a una mujer, “¡quien sabe cómo habrá estado vestida!”; cuando matan en la calle a un joven caminando, “¿qué hacía fuera de su casa?”; cuando asaltan a una joven en la vía pública, “¡quien sabe qué hacía por ese lugar y a esa hora!”. Cuando muere un motociclista, “seguro venía sin luz”; si hubo un acuchillado después de un partido, “quien sabe qué habrá hecho antes”; y si muelen a palos a un adolescente a la salida de la discoteca, “quien sabe qué habrá estado tomando”.

¿Le suena conocido? Hace un par de meses un chiquito murió aplastado, en la calle, cuando iba al cole con su hermanito mayor. Me tocó leer la peor de las sandeces en las redes sociales: “Qué clase de padre deja ir a sus hijos solos al colegio?”: ¡un padre pobre, señores! Padres albañiles que no pueden dejar la obra para ir de la mano con sus niños a la escuela porque el capataz no les deja, madres cocineras de casas ajenas que no consiguen permiso para salir, familias humildes sin plata ni para el ómnibus y menos para un transporte escolar.

En ABC Digital subimos el informe sobre la violación del caso Centenario y me llamó poderosamente la atención un comentario que insertaron abajo de él: “Nena, ¿dónde estaban tus padres a la medianoche?”.

Pensé en la nena, pensé en los padres, y me invadió una oleada de rabia como mamá y mujer. Me provocó contestarle que la nena debería poder estar en cualquier parte de su país, sana y salva. Que si sus padres no pueden estar tranquilos con su hija disfrutando un cumpleaños en un club social del más refinado abolengo, estamos mal. Que si las 00:30 es un mal horario para compartir con amigos, estamos mal. Que cualquier ser humano debería poder estar donde quiere y cuando quiere, y a la hora que quiere, y no debería ser violentado.

Pareciera que dentro de cada uno de nosotros subsiste un experto y sobrador opinólogo que todo lo sabe, cuyas hipótesis no admiten discusiones y cuyas sentencias no conocen de apelaciones. Cada uno de nosotros tiene un árbitro, un juez, un abogado, un doctor y un científico listo para emitir con toda suficiencia sus enunciados y reparos, listos para opinar, juzgar y condenar.

Esta libertad es maravillosa… hasta que nos toca a nosotros ser blancos del disparate. Cuando sufrimos tragedias en carne propia y nadie se compadece, cuando en vez de público somos actores del mismo show del que antes nos reíamos.

Estaría bueno hacer uso de la libertad con más responsabilidad. Mañana las víctimas podemos ser nosotros y, créanme, no da gusto estar rodeado de jueces y sin ningún abogado mientras las hienas se reparten nuestros pedazos.

Por Mabel Rehnfeldt

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/por-algo-habra-sido-592729.htmls"
viernes, 5 de julio de 2013 0 comentarios

¿Trampa para bobos?

Como Indiana Jones vino el profesor Sachs en busca de la verdad sobre el Tratado de Itaipú. Mi primer esfuerzo por ayudarle fue muy breve, y es por ello que me veo en la necesidad de pedir permiso al lector para desarrollar la idea.

Los países firmantes de un Tratado, como lo es el de Itaipú, lo hacen con un fin, un objeto, un propósito. Las normas de la Convención de Viena sancionan con la nulidad los casos en que las partes alteran de mala fe el objeto o propósito del Tratado para convertirlo en algo diferente y, en particular, si el desvío persigue el propósito de beneficiar a una parte en perjuicio de la otra.

Por regla general, las alteraciones o desvíos de la finalidad del Tratado son incluidas mediante astucia en el mismo cuerpo del documento o en otros, como por ejemplo en nuestro caso la cláusula IVI, del Anexo C, según la cual “el ingreso anual consecuente de los contratos de prestación de los servicios de electricidad deberá ser igual al costo del servicio establecido en este Anexo”.

Interpretada esta cláusula en concordancia con el Art. XIX del Tratado descubrimos por qué Itaipú no puede producir ganancias o utilidades, sino para cubrir el tope de los costos. La cláusula XIX dispone : “La jurisdicción competente para la Itaipú con relación a las personas físicas o jurídicas domiciliadas o con sede en el Paraguay o en el Brasil será, respectivamente, la de Asunción y la de Brasilia. A TAL EFECTO CADA PARTE CONTRATANTE APLICARÁ SU PROPIA LEGISLACIÓN, TENIENDO EN CUENTA LAS DISPOSICIONES DEL PRESENTE TRATADO Y DE SUS ANEXOS”.

Mediante el juego de ambas normas, Brasil logra, como un efecto lógico, que Paraguay no pueda participar de las ganancias que Brasil logra sobre la diferencia entre el valor de las ventas de Itaipú a Eletrobrás y las que posteriormente obtiene Eletrobrás en territorio brasileño al venderlas a terceros o a consumidores domiciliados en el Brasil.

Estos negocios abarcan todo el valor de lo que Itaipú vende en Brasil, que comparativamente con lo que Paraguay logra a través de ANDE es una relación de nueve a uno, por lo menos, atento a la magnitud del mercado brasileño comparado con el paraguayo.

Así, la idea de una sociedad que pudiera haber permitido cumplir con el propósito inicial de dividir la energía en partes iguales se desvanece como una pompa de jabón, con el agravante de que el remanente en Itaipú adolece de la insuficiencia que señala el informe del Profesor Sachs, lo que sumado a los bajos precios hacen posible que la deuda no se pueda pagar y crezca exponencialmente.

En mi portal o blog registrado como http://www.gustavodegasperi.com he reproducido los artículos publicados en ABC Color en los que intenté explicar las diferentes brechas o fisuras por donde se fugan los derechos del Paraguay, como el agua de un arroyo que mediante presión al acumularse abre un agujero por el que se escapa y aparece después del muro construido para retenerla o represarla. La ciencia del derecho reserva sanciones indemnizatorias para aquellos que abusan del derecho, se enriquecen injustamente, o expolian a sus socios mediante el cambio de las circunstancias de un contrato que se llama imprevisión.

Tal es el mecanismo mediante el cual el Tratado de Itaipú, en su estructura jurídica, en su texto mismo, desvía el objeto o propósito del Tratado, al incurrir en la nulidad prevista en el Art. 71 de la Convención de Viena, según el cual : “Es nulo todo tratado que en el momento de su celebración esté en oposición con una norma imperativa de derecho internacional general.

Una norma imperativa de derecho internacional general es una norma aceptada y reconocida por la comunidad de los Estados en su conjunto como norma que no admite acuerdo en contrario y que solo puede ser modificado por un acuerdo ulterior de derecho internacional general que tenga el mismo carácter (DE IMPERATIVA)”.

¿Cuál es la norma a la que se opone la disimulada trampa para bobos? Es el mismo Art. 31 de la Convención que prohíbe la desviación de la finalidad del Tratado, el que, como vimos, es la división de la energía eléctrica y el derecho a utilizarla (materialmente considerada, como tal, no meramente su valor representativo) en partes iguales.

La insuficiencia financiera, similar a la respiratoria o al enfisema pulmonar, es el misterio de Itaipú mediante el cual Brasil seguirá siendo acreedor del Paraguay después del año 2023 y prolongará su injusta hegemonía, salvo que el Paraguay se levante para llevar el caso a La Haya, a la Corte Internacional de Justicia.

Me perdonará el profesor Sahchs por no comulgar con su idea de un Brasil receptivo a la negociación diplomática. Los paraguayos hemos visto en televisión a los brasileños de su Parlamento discutir el tema. ¡Pobre Paraguay si dependemos de su buena voluntad!

Soy consciente de que aún después de todas las antecedentes explicaciones nos faltan los números relativos al inmenso volumen de la energía paraguaya vendida en Brasil, Argentina y Uruguay.

Espero que después de la visita de Indiana Jones, los paraguayos comprendamos la magnitud de la fuga de recursos, y la magnitud de la burla que nuestros compatriotas insisten en seguir tolerando para no incomodar a los brasileros como Lula Da Silva, Fernando Lugo Méndez, Marco Aurelio García y muchos otros, inclusive paraguayos, de cuyos nombres prefiero no acordarme.

(*) Abogado

Por Gustavo de Gásperi

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/una-disimulada-trampa-para-bobos-592080.html
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Teoría de los hechos consumados

En el Derecho Internacional Público, la doctrina que indica la obligación de los Estados de abstenerse, directa o indirectamente, en los asuntos internos de otro Estado, se encuentra amparada en el derecho de auto determinación de los pueblos. El Congreso paraguayo llevó a cabo constitucionalmente el juicio político (21 de junio 2012) al entonces presidente Lugo que culminó con su separación del cargo.

Los gobiernos del Brasil, Argentina y Uruguay, sin embargo, no lo entendieron de ese modo. Haciendo alarde de sus propias interpretaciones de nuestra Constitución Nacional, violaron aquella sana doctrina de la autodeterminación, aprobando la suspensión de Paraguay del Mercosur, con el consiguiente ingreso de Venezuela al bloque, sin el acuerdo de uno de los Estados, tal como dicta el Tratado de Asunción (1991).

Transcurrido un año, persiste la idea de seguir violando el derecho internacional. Se ha elaborado una teoría, la de los hechos consumados. Se pretende así que el Paraguay acepte el ingreso de Venezuela. Se equivocan. Hay una realidad que no puede ser desconocida. La historia del Paraguay es un bastión inexpugnable que impide hacer valer aquella infame teoría.

El Paraguay nace libre e independiente en 1811. Su deseo de auto gobernarse ya se manifiesta en la nota del 20 de julio de 1811 a la Junta de Buenos Aires. Luego enfrentó la más tremenda guerra internacional que se conozca en esta parte del mundo, con el aditamento del ignominioso Tratado Secreto de la Triple Alianza (1865) que desmembró nuestro territorio y elevó a la categoría de genocidio lo ocurrido en aquella guerra.

Los orígenes del Paraguay guardan relación con la causa de la libertad. La misma no solo se encuentra en los albores de nuestra independencia, ni se limita a las gloriosas batallas de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), y tampoco a la victoriosa Guerra del Chaco (1932-1935). Va más allá en el tiempo. No debemos olvidar que el Paraguay había sido escenario de la Revolución Comunera , cuyo ideario caló muy profundamente en el alma de nuestro pueblo, desde aquellos lejanos años del siglo XVIII.

La epopeya comunera deben saber los que ahora pretenden presionarnos con su teoría de los hechos consumados, se convirtió en esta parte del mundo en una de las primeras movilizaciones colectivas en todo el continente, contra el absolutismo español. Y si bien los trágicos resultados de aquella Revolución terminaron, entre otras cosas, en la persecución de las embarcaciones paraguayas y el agobio a los comerciantes con altos impuestos en el Puerto Preciso de Santa Fe (1662 y restablecido en 1726), no es menos cierto que, pese a todo ello, la nación paraguaya iba forjando una identidad propia.

En su obra “El Paraguay colonial y las Provincias Meridionales”, Fulgencio R. Moreno dice: “Para valorar la enormidad de este monstruoso impuesto a una Provincia lejana y pobre, en beneficio de otras más favorecidas, conviene fijarse no solo en el porcentaje de los derechos aduaneros, sino en el itinerario inflexible, establecido para nuestra corriente comercial. Los negociantes que llevan sus productos del Paraguay para Buenos Aires no podían seguir por el río hasta su destino; era obligación ineludible hacer también un viaje por tierra, desembarcando en Santa Fe, de donde partían las caravanas de comerciantes conduciendo en carretas los frutos del Paraguay”.

Esta es la identidad con nuestra historia. La teoría de los hechos consumados solo puede significar la aceptación del uso de la arbitrariedad por encima del derecho, como efectivamente lo sintetizó uno de los presidentes de la región.

En el presente, los gobiernos que impusieron la suspensión del Paraguay y pretenden a toda costa el ingreso de Venezuela, están distanciados de sus pueblos. Ahí está el kirchnerismo, por el lado argentino, y el Partido de los Trabajadores (PT) por el lado brasileño; ambos con graves cuestionamientos de corrupción en sus respectivas administraciones. Pero aun así pretenden darnos cátedras de democracia. Apoyan alevosamente al régimen bolivariano de inspiración socialista en Venezuela, sabiendo del sufrimiento del pueblo de este país.

Para ellos en Venezuela hay democracia. Y por tanto, no solo debe ser miembro del Mercosur pese a que el Tratado exige la aceptación por unanimidad de los Estados partes, sino también tienen la soberbia de exigirnos que aceptemos la presidencia pro témpore de Maduro, el mismo personaje que vino a arengar a militares paraguayos para evitar la destitución constitucional de Lugo y así generar un caos social.

Por la historia que honra nuestro pasado y concierne a nuestro futuro como nación, el Paraguay jamás debe aceptar la infame teoría de los hechos consumados.

(*) Decano de Currículum de UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”.

Por Dr. Víctor Pavón

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/teoria-de-los-hechos-consumados-592100.html
martes, 2 de julio de 2013 0 comentarios

Políticas de Estado

Una exigencia común a cualquier Gobierno –aquí y en cualquier parte del planeta- es que sepa articular políticas de Estado, también describibles como políticas públicas.
¿Qué debemos entender por políticas de Estado? Podríamos definirlas como todas aquellas acciones y programas emprendidos con el fin de que permanezcan en el tiempo y no se vean afectados por los cambios de Gobierno. 

Para reforzar la idea con un ejemplo práctico, digamos que este Gobierno que se va en agosto decidió poner en marcha lo que su antecesor había ignorado sistemáticamente: el acueducto del Chaco. La obra está en pleno avance y tratándose de un emprendimiento de alto valor y necesidad, el Gobierno entrante deberá continuarlo y sus sucesores ampliarlo y enriquecerlo, ya que el agua es el factor clave para el desarrollo de la región Occidental. Parar la obra o abandonarla sería lo contrario a una auténtica política pública.

Poner en práctica políticas de Estado requiere trazar áreas de no
beligerancia política, al menos en lo referente a su necesidad, aunque luego se puedan discutir factores de implementación. Por ejemplo, acordar la construcción de una nueva red vial de 2.500 kilómetros que nos interconecte con la región. Establecida la prioridad, quizá se podría invertir un tiempo determinado en cómo será construida, bajo que parámetros y sus fuentes de financiación. Pero en lo que nunca se volverá atrás es en la necesidad perentoria de construir esa red vial.

Un buen aporte del próximo gobierno sería establecer como una “marca propia” la adopción de estas políticas públicas por encima de la coyuntura política. En la tradición paraguaya está muy arraigado el mito de la perpetua refundación de la República, basado en el supuesto de que todo lo hecho anteriormente estuvo mal y que hay que reemplazarlo por otra cosa. Nada hay más desalentador que esta forma de pensar y de actuar, porque supone que todo lo hecho hasta la aparición del nuevo gobierno “salvador del Paraguay” es inválido. Y en esa invalidación entra no solo el Gobierno que se va sino toda la ciudadanía que, de buena o mala gana, ha debido acompañar la gestión y hecho sus aportes que ahora, “en la nueva era”, son pulverizados y enviados al olvido.

Esperemos que el nuevo ocupante del Palacio de López no se deje seducir por estos llamamientos equívocos e inaugure una época en la que aprendamos a definir, diseñar y ejecutar políticas de Estado que nos ayuden a capitalizar todo lo bueno que hemos estado haciendo, se corrijan los errores y se hagan nuevos aportes en la nada fácil tarea de conducir la República del Paraguay. Nos asomamos a una década que muchos dicen que será de bonanza, pero que también nos traerá tormentas que deberemos saber navegar con inteligencia y valor.


http://www.5dias.com.py/28347-polticas-de-estado
martes, 25 de junio de 2013 0 comentarios

La falta de ética laboral


Se está comenzando a hablar en el Paraguay, y era hora de que pasara, acerca de los altos costos de la deslealtad laboral, filtraciones de información y comercio ilegal de bases de datos sustraídas aprovechándose de los cargos clave a los que puedan acceder personas inescrupulosas.

Recientemente se instaló en el país una empresa que cubre, en el proceso de contratación de recursos humanos, un área gris en la evaluación de candidatos y que podría definirse con una palabra: integridad.

Hoy se evalúa el nivel de estudios del candidato, sus habilidades y destrezas… pero no se tiene en cuenta factores como lealtad y honestidad. El resultado suele ser, más a menudo de lo que se cree, altamente destructivo. En Estados Unidos las empresas pierden el 6% de sus ingresos anuales debido a fraudes.

El 75% de esas pérdidas es provocado por ejecutivos mientras que el restante 25%, por gerentes y personal no jerárquico. Se estima que en Latinoamérica ese nivel de pérdidas es aún mayor, en parte, como resultado de la falta de evaluación de aspirantes que puede desembocar en la contratación de personas deshonestas o desleales.

La deslealtad se articula en diversas formas, pero la peor de ellas es la traición a los procesos internos adoptados por una empresa a fin de producir un bien o un servicio acorde con la demanda del momento y al menor costo posible. La alta competitividad reduce por lo general los márgenes de rentabilidad a niveles mínimos, de manera que la única herramienta que tiene una empresa para mantenerse en competencia es maximizar sus procesos internos y controlar estrictamente los costos. Un acto desleal o deshonesto obliga, por lo general, a repetir procesos y agregar costos no previstos con lo que es fácil que la rentabilidad se volatilice.

Hoy las empresas de vanguardia están empezando a considerar seriamente factores que antaño eran ignorados, sobre todo, las de alta tecnología en las que la información constituye su patrimonio principal.

Hoy se controla en los empleados el posible desvío de clientes hacia negocios particulares del empleado, uso indebido de la información confidencial, por ejemplo de proveedores, y enlentecimiento de procesos internos con el fin de potenciar clientelas particulares robadas a la empresa en donde trabaja.Para muchos, introducir una variable de análisis evaluando su perfil de honestidad e integridad es una invasión a la intimidad de las personas. Pero cada día más gerentes y responsables de empresas estiman imprescindible esta herramienta de evaluación por los beneficios inmediatos que le otorgan en términos de seguridad y eficiencia operativa.
Sin duda, un tema para la polémica. Pero a la vista de la cantidad de fraudes, robos y estafas cometidos dentro de las empresas, no hay duda de que se trata de un método que llegó para quedarse.
 
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